Tus manos me enseñaron a contar los días
con café en la cocina y radio a media voz,
y aunque yo crecí y me fui lejos de tu puerta,
cada domingo vuelvo a ese olor.
Me cosiste el uniforme la noche entera,
me esperaste en la banqueta sin reloj;
nunca me pediste nada, ni una queja,
solo que llegara bien, y aquí estoy.
Mamá, si esta canción te encuentra despierta,
que sea el abrazo que no pude dar;
guarda mi nombre entre tus cosas ciertas,
que yo guardo tu risa en mi cantar.
La Jefa, te dicen en el barrio,
y yo digo que eres mi hogar.
Mamá, si esta canción te encuentra despierta,
que sea el abrazo que no pude dar;
guarda mi nombre entre tus cosas ciertas,
que yo guardo tu risa en mi cantar.
Feliz día, mamá.